Todo escritor, por el hecho de serlo, ya está comprometido: o comprometido en una religión, o comprometido en una ideología político-social, o comprometido en una traición a su pueblo, o comprometido en una indiferencia o sonambulismo individual, culpable o no culpable.
Los hombres al acercarse unos a otros para vivir en sociedad, han hecho, ya formal, ya tácitamente un pacto, mediante el cual se han comprometido a prestarse servicios y a no perjudicarse.