Mi ofrenda es toda tuya en la simiente que secaron los rayos de tus soles.
La ofrenda más aceptable por Dios mismo, proviene de un corazón agradecido y lleno de alegría.
Pedimos milagro, como si no fuese el milagro más evidente el que los pidamos.
Entre los fenómenos de la conciencia, el mecanismo de la memoria es, para mí, el milagro más temible y misterioso.