¡A veces es necesario que entren algunos dignos y libres a la cárcel para conocer dónde irán después los delincuentes de la República!
La quiero para soltarla, solamente. No tengo cárcel para ti en mi ser. Tu libertad te guarda para mí. La soltaré otra vez, y por el cielo, por el mar, por el tiempo, veré cómo se marcha hacia su sino. Si su sino soy yo, te está esperando.
El insulto, el presidio y la amenaza de muerte no pueden impedir que el utopista sueñe...