Salvador Dalí sedujo a muchas mujeres, en especial a mujeres norteamericanas; pero estas seducciones acostumbraban habitualmente a consistir en hacerlas acudir a su apartamento, desnudarlas, freír un par de huevos, colocarlos en los hombros de la mujer y ponerla de patitas en la calle sin haber articulado ni una sola palabra.
Se decía de un hombre muy egoísta: pegaría fuego a nuestra casa para freír un par de huevos
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si me hacés quedar mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me hacés lucir peor que los demás, seré yo quien sufra
Para mí, ser un seductor no quiere decir ser alguien o como alguien en concreto, sino ser uno mismo optimizando los recursos propios de cada uno. Ni hay que hablar de una forma concreta, ni hay que vestirse como alguien ni lucir un estilo que nada tenga que ver contigo. Se trata de ser única y exclusivamente tú, habiendo desarrollado algunas habilidades.
Los países son como las estrellas: pueden resplandecer y brillar siglos enteros después de su extinción.
Si su líder es un gran hombre, también un país pequeño puede resplandecer ante el mundo como patria de la gran ideología de la época, como potencia en la ideología y la política.
Al freír será al reír.
Salvador Dalí sedujo a muchas mujeres, en especial a mujeres norteamericanas; pero estas seducciones acostumbraban habitualmente a consistir en hacerlas acudir a su apartamento, desnudarlas, freír un par de huevos, colocarlos en los hombros de la mujer y ponerla de patitas en la calle sin haber articulado ni una sola palabra.
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si me hacés quedar mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me hacés lucir peor que los demás, seré yo quien sufra
En Inglaterra si quieres lucir rudo, sales y te emborrachas y llegas luciendo mal, pero si haces eso en América, es como ¿Tienes un problema con el alcohol?
Los países son como las estrellas: pueden resplandecer y brillar siglos enteros después de su extinción.
La virtud no teme a la luz, antes desea venir siempre a ella; por es hija de ella, y criada para resplandecer y ser vista.