Celebramos hoy, no la victoria de un partido, sino un acto de libertad -simbólico tanto de un final como de un comienzo- que significa una renovación a la par que un cambio.
Toda traducción sería imposible si es que su esencia última consistiera en buscar una mera semejanza con respecto al original. Pues éste cambia en su supervivencia que no podría recibir su nombre si no fuera mudanza y renovación de algo vivo. Las palabras escritas nunca terminan su maduración.
La dudosa moralidad de la sentencia de que vale más malo conocido se aplica con harta frecuencia aquí. Quizá por eso se hable tanto de relevo generacional, de aporte de sangre joven y tanto otro infatigable lugar común, que por descontado, alude a una realidad que no se da