Morir no es otra cosa que cambiar de residencia
Ve una vez a la semana a una residencia de ancianos a visitar personas, como si fuesen tus amigos
No hay nada que hacer entonces. Ya que él no quiere dejarme, yo tendré que dejarlo. Mudaré mi oficina; me mudaré a otra parte, y le notificaré que si lo encuentro en mi nuevo domicilio procederé contra él como contra un vulgar intruso.
¡Visión doméstica! Por pequeña pantalla se verá en domicilio propio los sucesos externos