Se había acostumbrado a depositar esperanzas en descubrimientos misteriosos y extraordinarios, y por eso se había metido por los callejones estrechos y retorcidos de la sensualidad. No por una perversión, sino movido por una situación espiritual todavía desprovista de meta.
¡Si sólo dios me diera una señal clara! Como depositar a mi nombre una enorme suma de dinero en un banco suizo.