El color nace con uno, es instintivo, elegí el color para las flores y el paisaje, para mis barcos y mis cielos, para este riachuelo que prolonga mi vida hacia un río de cambiantes tonos. El color nunca muere, y yo entre colores seguiré viviendo, iré prendido a los colores hasta después de muerto.
Hay muchos escritos en los que no queda -como el espectáculo que ofrece un riachuelo bañando de agua clara los pequeños guijarros- sino el recuerdo de las palabras que se escaparon.
Apearse es: mientras el río de humanidad continúa históricamente adelante, yo me siento en la cuneta y los veo pasar. Porque no necesito adicciones, me quedo con todo lo que ha hecho la humanidad hasta ahora, durante muchos años
El río en invierno. El agua no es suficiente para cuatro o cinco patos.