Nací para amarte con cada latido de mi corazón...Sí, nací para cuidar de ti, cielo, cada día de mi vida.
Se sintió orgulloso y feliz entonces: feliz de estar con ella, orgulloso de su gracia y su porte señorial. Pero ahora, después de reavivar tantos recuerdos, el primer contacto con su cuerpo, armonioso y extraño y perfumado, produjo en él un agudo latido de lujuria.
Sólo temblor y palpitación fue su respuesta a la afirmación de que tal vez poseía pero no era
Cuánto temple en el gesto, cuánto enigma, cuánto fuego rodeándole las manos, los ojos y la boca, cuánta palpitación votiva.