Una carta es siempre sagrada, porque es o porque puede ser la expresión de la intimidad de unos instantes de nuestra alma, cuya fugacidad se confía a la lealtad del que la recibe.
Nunca respondo una carta anónima.
Vamos por este mundo como si tuviéramos uno de repuesto en nuestra maleta.
Tengo un stock de besos sin estreno y un camión de amor del bueno para ti.