El hombre se hace civilizado no en proporción a su disposición para creer, sino en proporción a su facilidad para dudar
El estado ideal no es aquel en que cada uno tiene acceso a la misma cantidad de riqueza, sino en proporción a su contribución a la riqueza general.
El hombre se hace civilizado no en proporción a su disposición para creer, sino en proporción a su facilidad para dudar
La historia nos obliga a pensar mal, por triste experiencia, de la especie humana, cuando nos enseña con qué rigurosa proporción las consideraciones, la honra, los bienes y la felicidad de una clase dependieron siempre de su poder para defenderse e imponerse.