La fuerza de una cultura reside en su capacidad para abrirse a otras, para integrarlas e integrarse en ellas. No importa cuán diferentes sean, señala Habermas, todas comparten algunos principios, Ninguna cultura tolera la explotación de los seres humanos. Ninguna religión permite la matanza de inocentes. Ninguna civilización acepta la violencia o el terror.
...pues, en general, ninguna de las cosas cuya entidad tiene como sustrato una materia puede llegar a formarse si no hay materia disponible.
Si entre nosotros fue la revolución de Octubre una lucha contra un aparato estatal que aún no había tenido tiempo de formarse desde Febrero, en otros países la insurreción tendrá contra ella un aparato estatal en trance de dislocación progresiva.
Las nacientes élites capitalistas no pretendían destruir a los aristócratas, sino unirse a ellos y para esto no tenían más remedio que imitar los cánones de consumo aristocráticos.
Las ideas no son perceptibles por nuestros sentidos sino que sólo las había conocido el alma estando separada del cuerpo y que, al unirse a él en el nacimiento, las olvidaba
No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura.
La música nos es dada con el único propósito de establecer un orden en las cosas, incluidos, y, en particular, la coordinación entre el hombre y el tiempo.