Es hecho indiscutible que nuestra época ha creado una arquitectura perfectamente adaptada a su ideología, singularmente armonizada con su modo de concebir la existencia.
No hay nada en el mundo a que más indiscutible derecho tenga el hombre que a disponer de su propia vida y persona.
El poder es siempre arrogante, dogmático y exclusivista, mientras que el amor es humilde y omnicomprensivo. El poder representa la destrucción, incluso la autodestrucción, del todo contraria a la creatividad del amor. El amor muere y vive de nuevo, mientras que el poder mata y es matado.
El maestro que es sincero protegerá a los discípulos y les ayudará por todos los medios posibles a crecer hacia la verdadera clase de libertad; pero le será imposible hacer esto si él mismo está aferrado a una ideología, si es en alguna forma dogmático o egoísta