Mi trabajo es todo un canto de amor a Brasil, mi tierra, la gente, flota y fauna. La vista desde mi ventana o desde la ventana de un avión.
Así, en infinitas tardes, fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía su estilo. Cada cual expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba.
No tiene sentido que mi país comercie con Corea del Norte y china y no con Cuba.
En los comienzos de la crisis financiera, los bromistas decían que nuestras relaciones con china habían resultado ser justas y equilibradas después de todo: ellos nos vendían juguetes envenenados y pescado contaminado, y nosotros les vendíamos valores fraudulentos.