Educar es una palabra que puede ser bellísima y también puede ser horrible. Etimológicamente educare procede de ducere, es decir, de conducir: agarras a alguien por el cuello y lo llevas a donde te parezca. Muchos de nuestros textos de historia están hechos de esta manera.
Un pie en el cuello es el noventa por ciento de la ley.
La América Española como la España entera fija está en el Oriente de su fatal destino; yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera con la interrogación de tu cuello divino. ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros? ¿Callaremos ahora para llorar después?
Cortaría dos cosas en esta comedia: el segundo acto y el cuello del actor secundario