Siempre he soñado que una manera elegante de acabar con este baile sería sentarse en una mecedora blanca con un sombrero de paja junto al Mediterráneo y guardar un silencio definitivo durante muchos años mirando el horizonte sin mover una pestaña.
A veces insistimos en ver la paja en el ojo ajeno y no vemos las montañas, los campos y los olivares