Era un cuadro agradable. El cabello era rubio y levemente rizado en las sienes, los ojos grandes y reflexivos, y en conjunto una figura que resultaba incluso demasiado graciosa.
En mi primera infancia llevaba faldas y tenía el pelo largo y rizado respondió con tono de duda. Pero, ahora que lo pregunta, me parece que un día me quitaron las faldas, me pusieron pantalones y me cortaron el pelo.
Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
La lucha por nuestra independencia se desarrolló en tales condiciones, que demostró al alto Perú que, así como debía contar con sólo sus esfuerzos para darse la libertad; que así como estaba solo ante la adversidad, así también en la vida independiente, debía vivir como unidad política autónoma.
Por muy alto que sea un árbol, sus hojas siempre caen hacia la raíz.