Sólo quedó una vía para salvar nuestra libertad política, nuestra libertad personal, nuestra seguridad, nuestra forma de vida, desarrollada desde hacía muchos siglos, y que tenía como base un concepto cristiano y humano del mundo: una firme conexión con los pueblos y países que tengan las mismas opiniones que nosotros sobre estado, persona, libertad y propiedad.
Me compré unos cuantos amigos, una novia, y un perro. Los amigos y la novia se fueron, sólo me quedó el perro que no tiene prejuicios... y me acepta como soy