Velo desgastado libre cielo y brevemente nocturno en el ojo con párpado embriagado miente el vaso roto para siempre en tu mano libertad.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que, cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado, y en las multitudes el hombre que yo amo.
El tiempo me ha enseñado a ver cada segundo como si fuera el paraíso incluso cuando esta perfectamente disfrazado de infierno
Clamando al cielo busco una respuesta, dirección equivocada, en mi morada, veo nada en la mirada de los hombres, hombres que se matan en tu nombre son, luces que no ven el paraíso donde piso
No me gusta poner etiquetas. Cualquier tipo de etiqueta limita. No me interesa la literatura que excluye, la literatura que se hace para un solo grupito de iluminados que viven en un olimpo separado de los demás.