Puedes ser el intérprete más artísticamente perfecto en el mundo, pero el público no responde si eres indiferente. (...) Eso vale para cualquier tipo de contacto humano: un político en la televisión, un actor en el cine, o un chico y una chica. Eso es tan cierto en la vida como en el arte.
Esa deslealtad de los ayudantes de confianza es una de las cosas más desalentadoras que le puede suceder a un artista intérprete o ejecutantes.
Nuestra adhesión a un jefe natural no es una pérdida de libertad, es el reconocimiento de que nuestras ideas tiene un ejecutor y un intérprete.
A mi me duele mucho sentir que soy el brazo ejecutor de un tratamiento que nunca se le ha dado a los jugadores del Athletic de Bilbao. Estoy haciendo algo bien intencionado: decirle a un jugador la verdad de sus posibilidades, y tratarlo con absoluto respeto.
Cuando un actor me viene diciendo que quiere discutir su personaje, yo le digo: Está en el guión. Si él me dice: pero, ¿cuál es mi motivación?, yo le digo: tu sueldo.
En un comercial, si tú sabes dejar al actor a su aire, aunque no sea un actor de verdad, se consiguen excelentes resultados. Dos segundos de una buena expresión bastan. En una película es difícil engañar. Pero en ambos casos encuentro que un gran secreto de la actuación es elegir el casting. Un buen productor de casting vale oro.
La cortesía puede ser más pesada que la insolencia cuando el representante de una empresa no se permite siquiera un pequeño gesto de espontaneidad.
¡Un ingeniero naval! ¿Sabe que su persona se agranda ante mis ojos? Puedo verle como el representante de todo un mundo: el del trabajo y el genio práctico.