En una cultura en la que prevalece la orientación mercantíl y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.
Para computar la felicidad de cada uno no se han de considerar los bienes que posee, sino el gozo que de su posesión recibe
Solo, con la ventana abierta a las estrellas, entre árboles y muebles que ignoran mi existencia, sin deseos de irme, ni ganas de quedarme a vivir otras noches, aquí, o en otra parte, con el mismo esqueleto, y las mismas arterías, como un sapo en su cueva circundado de insectos.
Me apasionan todas las cosas antiguas. Mi casa es antiquísima y está llena de objetos y muebles que colecciono desde hace años. Conservo todos mis viejos discos de vinilo y no permito la entrada de compactos en casa.
La droga es el producto ideal...La mercancía definitiva. No hace falta literatura para vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que le vendan...El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente
Los juramentos son la moneda falsa con la que se paga la mercancía del amor.
En una economía sin trabas, en la que salarios, costos y precios quedan a merced del libre juego de la competencia, las perspectivas de beneficios deciden cuáles serán los artículos que se produzcan, en qué cantidades y cuáles los que no han de producirse en absoluto.
La economía de la construcción resulta de la cantidad de buenos artículos que podemos ofrecer a bajo precio. Lo mismo resulta en cualquier economía -la relación entre la calidad del producto y el precio del mismo. Pero, si prescindimos de la calidad del producto, la totalidad de la economía no tiene sentido en ningún terreno, y lo mismo ocurre con la arquitectura.
Cuanto menos líquidos sean sus productos más seguro estará de que deberá sufrir una reducción en el precio económico o bien contentarse con aguardar el momento propicio en el que le resulte posible realizar una conversión a precios económicos.
El poder de los medios se extiende y los periodistas tienen cada día menos libertad para expresarse. Si alguien está en un medio que financia una película o una obra de teatro, ¿cómo hace un crítico para hablar mal de esos productos si es que no le gustaron? La concentración comunicacional es enorme.
Allí digo que si en el tiempo de la infancia no hubiésemos tenido una cosa sagrada para reverenciar, un río, un mar, una montaña, un árbol, no hubiésemos sido poetas. La sacralidad es lo más importante en el ser humano, la sacralidad es un estado, una situación, una pasión por comprender, y sin esto no podemos vivir plenamente.
El tiempo es la cosa más valiosa que el hombre puede gastar