Principalmente a la acción de ciertos grupos históricos que tienen que ver con el clero o con la pedagogía (curas o maestros), a la imbecilidad de los propios nacionalistas que se creen las predicas de estos curas y maestros, y al apoyo de múltiples potencias europeas. Por último, a que nuestra Constitución no tiene recursos ágiles para atajar desde el principio los sucesos.
Cada libro es una pedagogía destinada a formar su lector. Las producciones en masa que inundan la prensa y el mundo editorial no forman a los lectores, sino que presuponen de manera fantasmática un lector ya programado.