El Yo descarta la ilusión de yo y, sin embargo, sigue siendo yo. Ésa es la paradoja de la autorrealización. En lugar del yo original, la autoentrega perfecta deja un residuo de Dios en el cual el yo se pierde. Ésa es la forma más alta de devoción y entrega y la culminación del desapego.
La suerte es el residuo de los designios.
Si tuviera que escapar a algún lugar y esconderme del mundo para pasar el resto de mi vida, Asturias sería la elección perfecta por su climatología y porque la gente es muy amable
...Se espera del resto de nosotros que defendamos nuestros prejuicios. Pero pedirle a una persona religiosa que justifique su fe, infringe la libertad religiosa.
Todos esos oportunistas que se llaman socialistas pueden irse. ¿Son acaso algo más que un desecho que la historia arrojará al cesto de la basura?