Dios Padre ama a todo ser humano. Que nadie se sienta olvidado, porque el nombre de cada uno está escrito en el corazón bondadoso del Señor.
¡Oh hijo del Espíritu! Mi primer consejo es éste: posee un corazón puro, bondadoso y radiante, para que sea tuya la soberanía antigua, imperecedera y sempiterna.