Lo que cuenta en una vida humana no son los sucesos que la dominan a través de los años o incluso de los meses o incluso de los días. Es el modo en que se encadena cada minuto con el siguiente, y lo que le cuesta a cada cual en su cuerpo, en su corazón, en su alma y por encima de todo, en el ejercicio de su facultad de atención para efectuar minuto por minuto este encadenamiento.
La cantidad de posibles disposiciones de las piezas en el tablero es ilimitada, y no hay un cerebro, ni siquiera el del matemático más grande o el de un calculador fenomenal, que pueda efectuar el recuento.