El orador que desee conmover a una muchedumbre debe emplear afirmaciones violentas, expresadas en términos abusivos. Deberá exagerar, repetir, eludir toda tentación por presentar pruebas razonables.
De todos los cambios de régimen, el único que realmente teme el orador político es aquel que le impidiese hablar
Yo no separo a Cristo y a Dios más que una voz del hablante o un rayo del Sol.