Los sollozos más hondos del violín del otoño son igual que una herida en el alma de congojas extrañas sin final.
El violín, para mí, es un ser vivo puesto que tiene una voz, que depende no obstante del modo que Ud. Le hace cantar. El violín no puede ser tratado brutalmente. Da lo mejor de sí cuando no se fuerza su sonoridad, cuando no se le aplasta.