Mantengo mi posición, en especial porque día a día se viene acrecentando el temor que invade a muchos de nosotros al no saber quién se sienta en la curul de al lado.
El poder que tiene el gobierno para meter a un hombre en la cárcel sin formular ninguna acusación conocida por la ley, y en especial para negarle el juicio de sus semejantes, es aborrecible en gran medida, y constituye el fundamento de todos los gobiernos totalitarios, ya sean nazis o comunistas.