La realidad que llamamos Estado no es la espontánea convivencia de hombres que la consanguinidad ha unido. El Estado empieza cuando se obliga a convivir grupos nativamenmte separados.
Nosotros aceptamos la resolución del congreso nacional sea cual fuera, porque es la única forma que pueden convivir los pueblos.
Lo que he estado diciendo -el meollo de este libro- se puede resumir en dos sencillas normas:
Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica lanzaríamos la siguiente, que nos parece resumir dramáticamente esa necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina, en crear riqueza agrícola, reproductiva y progresiva: sembrar el petróleo.