Me gusta rodearme de recuerdos, de igual modo que no vendo mis trajes viejos. A veces subo a verlos al desván donde los guardo y recuerdo los tiempos en que aún estaban nuevos y en todas las cosas que hice cuando los llevaba.
A menudo pienso que si nos deslizáramos por los ojos del actor, encontraríamos un desván olvidado con juguetes y una copia del Domesday Book.
...y en medio de violonchelos y pianos Carlos Gardel cantando, en la buhardilla de Benfica, Lejana Tierra Mía, con una voz que hería como un cuchillo cavando un surco entre tendones y músculos, entre huesos pulidos y cartilagos que chascaban.
De la ruda labor del brazo vivimos todos, los ignorantes y los sabios. De la cómoda labor de éstos, vive el que puede. No llegan los frutos de su ciencia a la multitud ineducada y zafia; no llegan sus espléndidas luces al fondo del pozo minero, al antro industrial, a la covacha miserable del asalariado
Haré del mundo un antro fantasmal e irrespirable. Volveré histérica a cuanta criatura se agita.
Y diciendo esto, dieron media vuelta, salieron de la habitación y adoptaron un tren de vida que superó sus sueños más ambiciosos.
Hacer el álbum sin la experiencia de mi vida sería imposible. Es sólo porque me he sido tan profundo dentro de mí y ante tantas cosas que por naturaleza debería estar asustado. Usted sabe, estoy en una habitación sentado con un fantasma, al oír su voz en mi cabeza y verlo tan claramente como estoy viendo ahora mismo.