Arquitectos, pintores y escultores deben volver a conocer y concebir la naturaleza compuesta de la edificación en su totalidad y en sus partes.
Si sale, sale. Si no sale, hay que volver a empezar. Todo lo demás son fantasías.
El cabalgar, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo.
A veces la mudanza del nombre de los objetos basta para mudar los sentimientos de los hombres. Los romanos aborrecían el nombre de rey, y toleraron los de dictador y emperador.