Yo le decía a mi tía: 'Si tiras mi jodida poesía, te vas a arrepentir cuando sea famoso', y ella tiró todo fuera. Nunca le perdoné que no me tratara como a un jodido genio o lo que sea que era cuando era niño.
En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades, nunca a mujeres ni a poderosos; más de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas para conservar en cambio su libertad.