He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mi.
Porque yo tuve un día una mañana y un amor. fino y frío amor, tan claro que lo empañaba el tacto de pensarlo
¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar! Si no estás enamorado, ¿cómo puedes gozar con la deslumbrante luz del sol o la suave claridad de la luna?
En los penales, los mataba a todos. Me paraba cerca de la pelota para que el arquero no puediera reaccionar y la tiraba suave a la punta... y póngale la firma que iba a cobrar. De 68 me sacaron sólo 4.
El tiempo se deslizaba, incesante, con ese rumor sedoso que tiene la arena que cae de una esfera*
Debo aclarar que llevaba una capa de terciopelo negro para parecerme al apuesto, romántico Zorro. Pero en realidad parecía un murciélago gigantesco con gafas.
Como muñecas mecánicas se puede ver el mundo con ojos de porcelana y dormir año tras año, en una caja de terciopelo entre paletas y tul con el cuerpo relleno de paja se puede, a cada escandalosa caricia, sin ninguna razón gritar: ¡Oh, que feliz soy!