Con frecuencia pedimos al cielo recursos que residen en nosotros mismos. El destino celeste nos deja libres en nuestras acciones y no retarda nuestros designios, sino cuando somos lentos en ejecutarlos.
Los antiguos cultivaban su nobleza celeste y la nobleza terrestre les venía por añadidura. Los hombres de hoy cultivan su nobleza celeste para que se les dé la terrestre y, conseguida ésta, se olvidan de aquélla. Su desengaño es grande porque al final también perderán su nobleza terrestre.
Vaga y maravillosa es la visión que he conjurado en mi mente sobre la vida que se extienda desde esta sementera del sistema planetario para llegar a todos los rincones del infinito espacio sideral. Pero es un sueño muy remoto. Podría ser, por otra parte, que la destrucción de los marcianos sea sólo un intervalo de respiro. Quizá el futuro les pertenezca a ellos y no a nosotros.
El sentimiento cósmico de la humanidad superior ha hallado su expresión simbólica más clara prescindiendo de los círculos de representaciones matemático naturalistas y del simbolismo de sus conceptos fundamentales en las artes plásticas. Las artes plásticas son innumerables y entre ellas debe incluirse la música.
En la escala de lo cósmico sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero.