Los hombres geniales son meteoros destinados a quemarse para iluminar su siglo.
Al mismo tiempo, me apretó el brazo, y lo sentí quemarse hasta el hueso. Entonces me desvanecí. No sé por cuánto tiempo permanecí en aquel estado. Por fin me desperté y oí que salmodiaban cerca de mí. Abrí los ojos y vi que estaba en medio de vastas ruinas.
Hombres de amianto cruzan sin chamuscarse los incendios de inoperancia que han encendido
El hombre es un ser social cuya inteligencia exige para excitarse el rumor de la colmena.
El amor crece poco a poco y por grados se parece demasiado a la amistad para encenderse en pasión. No pasa de ser una de tantas imitaciones de amor.
¿Qué nos importa el Estado corporativo; qué nos importa que se suprima el parlamento si esto es para seguir produciendo con otros órganos la misma juventud cauta, pálida, escurridiza y sonriente, incapaz de encenderse por el entusiasmo de la Patria, y ni siquiera, digan lo que digan, por el de la Religión?
Los hombres geniales son meteoros destinados a abrasar para iluminar su tiempo.
Ten fe en el progreso. La madre Tierra se enorgullecerá dentro de poco al ser pisada por hombres en vez de rebaños. El sol comienza a besar sus frentes en lugar de quemar sus espaldas. ¡Ánimo, hermano!
¡Menudo progreso hemos logrado! En la Edad Media, me hubieran quemado. Ahora les basta con quemar mis libros.