Los nórdicos nunca viajan de noche. Tampoco suelen navegar de noche, sino que prefieren atracar su barco al atardecer y esperar hasta el alba antes de reanudar el trayecto.
Cuéntame cómo va cayendo el sol, mientras hablas pensaré: ¡qué guapa esta! Qué suerte ser la mitad del cuento de un atardecer que observo al escucharte porque mis ojos son tu voz.