Las personas que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad.
No sé quiénes fueron nuestros antepasados antes de la época de tu abuelo, pero estoy seguro de que algunos de ellos fueron grandes hombres, samuráis, seguramente, tal vez sabios. La sangre de tales hombres sigue fluyendo y yo te la he transmitido.
Si yo pudiera enumerar cuanto debo a mis grandes antecesores y contemporáneos, no me quedaría mucho en propiedad.
Nuestros padres juzgaban los libros a través de su gusto y de su razón. Nosotros los juzgamos a través de las emociones que nos causan. ¿Este libro puede perjudicar o puede servir? ¿Es apropiado para perfeccionar o para corromper el espíritu? ¿Hará el bien o hará el mal? Las grandes preguntas que nuestros antecesores se planteaban. Nosotros preguntamos: ¿Causará placer este libro?
Juro por Dios, juro por mis padres y juro por mi honor que no descansaré mientras viva hasta que haya liberado a mi patria.
Hay mil 200 a mil 300 jóvenes que se suicidan en Francia cada año, y no es porque sus padres no se preocupen de ellos. Es porque, genéticamente, tuvieron una fragilidad y dolor implícitos... Las circunstancias no lo son todo, la parte que es innata es inmensa