No hay ninguna razón por la que no se pueda enseñar a un hombre a pensar.
Estás aquí para que yo te pueda enseñar algo. Todas las personas con las que te encontrarás aquí tienen una cosa que enseñarte. Eddie no se lo creía. Siguió con los puños cerrados. - ¿Cuál? -dijo. -Que no hay actos fortuitos. Que todos estamos relacionados. Que uno no puede separar una vida de otra más de lo que puede separar una brisa del viento.
Mira, pues, querida hermana, cómo nos doma el tiempo traidor, cómo todos estamos sometidos a la mutación.