Luis bajó raudamente las escaleras de su estudio jurídico y alguien elogió su estado físico y contestó: No, ya tengo menos piernas que una foto carnet.
El elogio en boca propia desagrada a cualquiera.
Stalin, que se decía continuador de Lenin, revisó y anuló tranquilamente, con la aprobación del PCUS, tésis enunciadas por Lenin. Kruschev no se limitó a revisar, sino que condenó - y con razón- prácticas e ideas de Stalin, con la aprobación del XX y el XXII Congresos.
Puedo detectar una adulación vacía y sé exactamente cuál es mi posición. Al final es realmente sólo mi propia aprobación o desaprobación lo que significa algo.
Allí donde encurvaba la retorcida cola y extendía sus pinzas el Escorpión ya no aparece el Fraude, el aplauso injusto, el Amor fingido, el Engaño, la Traición, sino las virtudes contrarias, hijas de la Simplicidad, Sincerida, Verdad y que se mueven por los campos de las madres.
La primera lección que me dio fue la humildad. Me enseñó no sólo la estética, sino la ética de la danza, que consiste en hacer el baile tal y como es y no buscando el aplauso fácil
...: de sobra es conocida, en efecto, la falta de escrúpulos de todos los sectarios para componerse su propia apología a partir de su maestro.
Yo le hago la apología a la ginebra, pero ahora ya no quiero más. Nunca pensé que fuera el elixir de la vida, más bien es el elixir de la muerte, y te vas dando cuenta dentro de tu cuerpo, te vas dando cuenta que algo se está extinguiendo.
Después de todo, la justificación para la lucha se da en el campo sensorial, se utiliza el sonido y la imagen para reclutarnos en una realidad y para hacernos participar en ella. En cierto modo, toda guerra es una guerra sobre los sentidos. Sin la alteración de los sentidos, ningún Estado podría hacer la guerra.
El modo en que empleamos la inteligencia, depende de nuestra voluntad. Cuando la voluntad no es desinteresada, el intelecto tiende a emplearse (a no ser que se trate de los campos extrahumanos de las tecnologías, las ciencias o las matemáticas puras), meramente como un instrumento para la racionalización de las pasiones y los prejuicios y la justificación de los intereses personales.
Descubrió que había actuado como un bárbaro, como una bestia. Había luchado como un pagano en defensa de su fe.
Con la segura confianza de que el pueblo mexicano lucharía sin cesar contra la inicua invasión extranjera, en defensa de sus derechos y de su libertad. Salió el gobierno para seguir sosteniendo la bandera de la patria, por todo el tiempo que fuera necesario, hasta obtener el triunfo de la causa santa de la independencia y sus instituciones de la República
En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta. Afrenta, esta sangre que me punza como filo de maguey. Afrenta, mi parálisis desenfrenada que todas las auroras tiñen de coágulos. Y mi eterno salto mortal hacia mañana. Juego, acción, fe, día a día, no sólo el día del premio o del castigo: veo mis poros oscuros y sé que me lo vedaron abajo, abajo, en el fondo del lecho del valle.
Que tienen su premio los que nunca pecan en contra de la estabilidad, aquellos que nunca juegan con el peligroso fuego del matrimonio, cuya vida y matrimonio son sólidamente firmes y al mismo tiempo no están desprovistos de emoción e interés, fundamentalmente porque su trabajo significa algo para la comunidad y para ellos mismos.
La longevidad es la recompensa de la virtud
La economía debe existir para el hombre, y el hombre no debe ser esclavo de la economía. Nada más opuesto al espíritu del cristianismo que esta ideología optimista, que admite que el más fuerte y el vencedor, desde el punto de vista económico, es forzosamente el mejor; que la riqueza es una recompensa concedida al hombre en gracia a sus virtudes.
Yo sé que los partidarios conquistados por medio de la palabra escrita son menos que los conquistados merced a la palabra hablada y que el triunfo de todos los grandes movimientos habidos en el mundo ha sido obra de grandes oradores y no de grandes escritores
Cada rival es un peligro latente. Cada combate es una nueva embestida que la vida nos depara. Cada triunfo es un paso más hacia lo que uno se ha propuesto. En definitiva, el boxeo y los boxeadores no son nada fáciles
De todos los despotismos, el de los doctrinarios o de los inspirados religiosos es el peor. Son tan celosos de la gloria de su dios y del triunfo de su idea, que no les queda corazón ni para la libertad, ni para la dignidad, ni para el sufrimiento de los demás hombres vivientes, de los hombres reales.
El hombre es una infinitamente pequeña copia de Dios. Bastante gloria es ésta para el hombre. A pesar de mi insignificancia, reconozco que Dios está en mí.
La canonización inmisericorde de la regla de las cuatro verdades: semiabsolutismo, gobierno de los nobles, militarismo, y despotismo policial se erigieron como la amarga verdad
La canonización de santos es otra religión del gentilismo.
Ni lo uno ni lo otro. Toda la obra de Costa está impregnada de un verdadero culto a la libertad. Y esto es a mi juicio más auténticamente representativo de la personalidad de Costa que unas cuantas frases pronunciadas o escritas las más de las veces a propósito de temas de los que provocaban con mayor agudeza su falta de ponderación y mesura, no tanto en las ideas como en las palabras.
La hermosura es una carta de recomendación escrita por Dios.
La belleza es una carta de recomendación a corto plazo.
Resuenan voces puras que cantan en tropel: hosanna en las alturas al Justo de Israel! ¡Pastores, en bandada venid, venid, a ver la anunciada Flor de David!
Así es el tango, sabés, de ayer y de hoy, requiebro y pena de amor. Si no entendés, escuchá lo que te digo, que los barrios son testigos de que cuento la verdad.
El genio es la ignición del cariño no del intelecto, como se supone la exaltación de la devoción, y en proporción a nuestra capacidad para eso, es nuestra experiencia del genio.
En algunos instantes creí tocar el alma del amante y alcancé a soñar con la posibilidad de una relación más profunda, pero al día siguiente tomaba otro avión y la exaltación se diluía en las nubes.
Asumo la responsabilidad que se me encomienda con la convicción de que, como he afirmado muchas veces, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es uno solo
Esa vocecita, esa figurita, esa pedigüeñería, esa bellaquería, esas chambonadas, esas metidas de pata... ¡Y ese tonito marica de cura que nos encomienda a Dios!