La trampa del demonio no te hará caer, a menos que ya estés mordiendo el anzuelo del diablo.
Da gracias a que estás lejos de mi alcance -dijo él-. ¿Qué demonio te aconseja mirarme con esos infernales ojos? Bájalos y procura no recordarme que existes.
Siendo propiedad del Señor Jesucristo a gran precio adquirida, no debemos ser esclavos de satanás ni de hombre, sino señores verdaderamente libres que no sirven al pecado sino al Señor Jesús